Cubierta La casa de Violeta y Manuel
La casa de Violeta y Manuel

“Todo niño necesita que alguien  esté loco por él”.

(Bronfenbrenner)

Cuando un ni@o llega a una familia a través de un proceso de acogimiento y/o adopción, se tiende a pensar desde fuera que es un momento de alegría y felicidad para tod@s. Es frecuente escuchar expresiones como “qué suerte ha tenido”. Y sí, ciertamente es un momento ilusionante, lleno de expectativas y esperanzas, pero también lo es de inseguridades, desconfianza, miedos y temores.

 La adopción y el acogimiento, como medidas protectoras, conllevan una situación de abandono previo, un historial de vivencias adversas que determina la manera del niño o de la niña a la hora de relacionarse con los demás, con el entorno y consigo mismo.

 Cuando al niñ@ se le plantea la salida con una familia, estamos hablando de segundas oportunidades, de ofrecer un entorno seguro que muestra unos modelos de relación diferentes, desde la afectividad, la aceptación y el buen trato. Esto le va a permitir ir reelaborando su historia, entendiendo que no es responsable de su pasado y que es merecedor de cariño, digno de ser amado y aceptado.

 Pero, como señalan  A. Rosser e Isabel Mayordomo, el fin de una situación traumática, no representa el fín del problema. Encontrar una familia cuando se ha perdido la propia, es sólo el comienzo de una historia.  En este proceso es fundamental construir un relato ordenado, siendo de vital importancia cuidar las transiciones.

Todos necesitamos saber, que aún antes de nacer, hemos sido desead@s. En los primeros momentos de acoplamiento es fundamental trasmitirle que ha sido un niñ@ imaginad@, desead@, y esperad@, que se ha fantaseado con él o con ella, y que se ha imaginado una familia con y para ell@s.

Desde el momento que se plantea la alternativa de la salida, antes de que el pequeñ@ llegue al hogar, y una vez allí,  hay que ir fomentando el sentimiento de pertenencia, de acogida, que irá mitigando el miedo, siempre presente, a un nuevo abandono.

La casa de Violeta y Manuel se plantea como una herramienta para trabajar con l@s niñ@s y los acogedor@s  que se encuentran en el  proceso de formar una familia. Se puede utilizar desde el primer momento, antes de la salida definitiva. La primera idea es trasmitir un mensaje tranquilizador, y hacerle saber que es esperad@, (pensad@ y sentid@), porque tiene no sólo un hueco físico, sino que está en la mente y el corazón de los otros.  Necesita: por un lado, sentirse parte de esa casa, en los momentos compartidos, en la convivencia diaria, en la pertenencia a una familia extensa, que forma una red de apoyo y contención, y que le hace pertenecer a un lugar y a un hogar;  entender y saber que lo que define a una familia no es el tamaño de una casa o sus posesiones, sino la posibilidad de formar un hogar, como el lugar donde echar raices; por último, hacerle sentir que, si quiere, viene para quedarse, y que  pase lo que pase, la familia (“la casa”), siempre es ese lugar al que puede volver.

Fini Oliva.

Psicóloga.

Colaboradora de la Editorial la Máquina de Nubes.

No responses yet

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: